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Breves reseñas biográficas sobre Dante Butor: I. sus inicios en la desdicha
Butor procedía de una digna estirpe aunque venida a menos, la de los Butor de la región de Nord-Pas de Calais en Francia. Las cosas se torcieron para los Butor cuando su padre Jean Pierre, el patriarca del clan y propietario de diversas industrias metalúrgicas y textiles, empezó a comportarse de forma extraña al quebrar algunas de sus empresas debido a una importante recesión económica que afectó por igual a toda la región. Ese peculiar comportamiento incluía entre otros: aullar con insistencia por las noches de luna llena desde la atalaya de la mansión de los Butor, o presentarse a los consejos de administración de sus empresas vestido sólo con ropa interior femenina (eso sí procuraba ir conjuntado y luciendo siempre unas excitantes ligas de diseño propio que le hicieron muy popular entre sus empleados).
Dichas extravagancias no dejaron indiferente al, por entonces, joven adulto Dante que, con fines imitativos, inició por su cuenta y riesgo unos sinuosos merodeos por los alrededores del colegio para señoritas de Les Filles de María Auxiliatrice, ataviado exclusivamente con una gabardina ribeteada, a modo de sincero homenaje a su progenitor, con encajes de color rojo, en busca del momento propicio para lucirse delante de las damiselas. Pese a que durante un tiempo sus actividades fueron bien recibidas por toda la comunidad educativa, acabó siendo denunciado por una de las niñas (muy decepcionada al parecer por los atributos del exhibicionista) a la Madre Superiora de la orden, y esta, ciertamente demasiado severa, lo hizo a su vez a las autoridades, pero para entonces, alertado antes por el portero del colegio que le consideraba un modelo a seguir, Dante se había dado a la fuga.
Dichas extravagancias no dejaron indiferente al, por entonces, joven adulto Dante que, con fines imitativos, inició por su cuenta y riesgo unos sinuosos merodeos por los alrededores del colegio para señoritas de Les Filles de María Auxiliatrice, ataviado exclusivamente con una gabardina ribeteada, a modo de sincero homenaje a su progenitor, con encajes de color rojo, en busca del momento propicio para lucirse delante de las damiselas. Pese a que durante un tiempo sus actividades fueron bien recibidas por toda la comunidad educativa, acabó siendo denunciado por una de las niñas (muy decepcionada al parecer por los atributos del exhibicionista) a la Madre Superiora de la orden, y esta, ciertamente demasiado severa, lo hizo a su vez a las autoridades, pero para entonces, alertado antes por el portero del colegio que le consideraba un modelo a seguir, Dante se había dado a la fuga.
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