A cuatro manos y tres pies

o sobre los estrafalarios avatares de Dante Butor

viernes, enero 19, 2007

1.17



Breves reseñas biográficas sobre Dante Butor: VI. Un apretón juvenil le hace vislumbrar las puertas de un Averno maloliente (once revisited)

A estas que Butor observaba con curiosidad la escena de todo un grupo de infantes a cual más enardecido y soez, cuando aquel que le acompañó en su subida desde la calle abandonó presuroso la estancia –quizás, pensó Dante, fuera efecto de una excitación incontenible ante la lección que se avecinaba. Sin embargo, al pasillo arriba proferir unas palabras demasiado inconvenientes para ser reproducidas aquí fielmente -¡Ay de mí, que me defenestro todo encima!, transcribiremos en aras de cierta inteligibilidad, donde se deja a la imaginación del lector la substitución del presente del verbo defenestrar por otra palabra más escatológica- quedó clara la motivación real del mozalbete: un colón demasiado irritable le estaba jugando una muy mala pasada y necesitaba urgentemente un retrete en el que… defenestrar. Tan sólo estas pocas palabras oídas del incontenible infante le bastaron a Dante para apiadarse de él y dejar a un lado la inquina que le había cogido en el tramo de ascensión compartido; sí, ese infante incontenible que poco después también fue inconsolable e inaguantable –por el olor que desprendía- a partes iguales, cuando regresó a la estancia portando bien encima la prueba evidente del fracaso de su misión: no había encontrado lugar alguno donde... defenestrar.

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