A cuatro manos y tres pies

o sobre los estrafalarios avatares de Dante Butor

martes, diciembre 19, 2006

1.13
Breves reseñas biográficas sobre Dante Butor: III. primeras muestras de una conducta intachable (once revisited)

Francamente nunca hubiera sospechado en el momento de hacer su solicitud para entrar a la Gendarmerie que esta prosperara al no haber ocultado su auténtica identidad y constar en sus archivos como fugitivo en busca y captura. Aunque bien pensado no sería tan extraño al fin y al cabo si en realidad los individuos que buscaran para entrar no fueran ciudadanos rectos, dechados de supuestas virtudes deseables en un seguidor de la ley y el orden, sino abyectos delincuentes como él. Menos aún entraba en sus perspectivas que una vez admitido en la academia pudiera comprobar en los siguientes días de su ingreso, y gracias a una minuciosa examinación de los comportamientos de sus compañeros, que ni sus –considerados por los lugareños de su pueblo natal– desmanes y excesos eran tan extraños o infrecuentes ni tampoco (y esto si le chocó de veras) eran tipificados allí como tales: más bien se consideraban actos encuadrados dentro de una conducta, digamos, moderna o, cuanto menos, abierta y cosmopolita. Así que durante los seis meses del curso preparatorio no dudó en ahondar, refinar sus perversiones o –para ser acordes a los nuevos patrones de conducta observados– ejercicios de modernidad. Fruto de la perseverancia y, admitámoslo también, audacia que demostró en ello, pronto se convirtió en un cadete idolatrado por sus compañeros, pero también respetado de igual manera por los profesores pues, aún sin llegarlo a admitir abiertamente, envidaban sus modos y resultados que, a pesar de aceptarlos y potenciarlos en la actualidad, nunca habían tenido la osadía de perpetrar en sus épocas mozas por temor, ya se sabe, del qué dirán o del qué perder. Pero esto último a Dante, estaba claro, se las traía sin cuidado. De ahí que a corto plazo recogiera sus frutos, unos frutos del todo jugosos.

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