A cuatro manos y tres pies

o sobre los estrafalarios avatares de Dante Butor

miércoles, diciembre 13, 2006

1.12

Breves reseñas biográficas sobre Dante Butor: II. Dante, policía en formación

Abandonando todo aquello que había sido a la sazón su vida, llegó a la capital de la república con la sensación de ser un descarriado (del alma) más que un prófugo de la justicia, y eso a pesar de haber salido airoso de varias persecuciones por estar en busca y captura. Ser un fugitivo no estaba tan mal a fin de cuentas; nuevas puertas tenían que abrírsele a la fuerza, estaba convencido, o eso o la prisión. Y efectivamente así sucedió (lo de las oportunidades, claro está). Rondando por las calles adyacentes a la estación de St. Lazare, su lugar de entrada a la metrópolis, se fijó en un enorme cartel publicitario: un par de hermosos y solícitos uniformados de la Gendarmerie Nationale reclamaban la adhesión de nuevos cadetes con un lema un tanto equívoco (“únete a nuestro cuerpo”). ¿Porqué él no podría ser también un guapo gendarme con un cuerpo objeto del deseo de futuros cadetes? Si lograba entrar sin levantar sospechas, ¿quién iría a buscarle allí? Además, podía resultar incluso divertido. Se imaginaba al lado de, rodeado por otros seres tan insignificantes y ridículos como él, ataviados todos con un chusco uniforme (gorra incluida), corriendo por los bosques, saltando obstáculos en un circuito de atletismo, luchando cuerpo a cuerpo en los gimnasios de la academia o disparando con el arma reglamentaria a blancos (siempre burdos remedos de sospechosos habituales) situados a no menos de 75 metros, que la mandíbula empezaba a desencajársele de forma descontrolada. Debía aprender a tener paciencia. Ya tendría oportunidad de desternillarse más (y mejor) adelante. Por ahora, bastaba con hacer una solicitud antes de que lo identificaran y lo detuvieran sin remedio.

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